
26.11.09
26.5.09
gracias
Fueron casi 4 años en donde aprendí muchisimo de un montón de gente talentosísima. Estuve en las filas de Three Melons como artista conceptual y produciendo arte visual para juegos Flash 2D, pre-rendered y vectorial, y webgames con 3D en tiempo real. Fui Lead Artist en varios proyectos y tuve mi bautismo de fuego como game designer y scrum master, siendo guiado y enseñado por verdaderos profesionales.
Three Melons es una gran empresa pero más que nada, un hermoso grupo humano, un verdadero equipo, y les debo mucho aprendizaje. Sabemos que nuestros caminos van a cruzarse. Ahora estoy tomando un desafío diferente y muy alentador en Sabarasa Entertainment. No fue una decisión facil, pero como me dijo Pato Jutard esto es una chance de poner mi grano de arena para hacer la comunidad argentina de desarrollo de juegos mucho más unida, sin importar donde vaya todas las mañanas. Hay mucho trabajo por delante y el mundo espera mucho de nosotros, porque tenemos mucho para dar, como país, como cultura sudamericana.
9.4.09
mantras

El pasado 3 de Abril fui al recital de Opeth en The End, en el barrio porteño de Flores, apenas a unas cuadras de donde el año pasado Symphony X y Arch Enemy resultaron en dos bolas de ruido sucio producto de la pésima acustica del Teatro de Flores, claro está, que no era culpa de los artistas que hicieron lo que pudieron.
Por el contrario, la performance de Opeth fue por mucho más prolija y cuidada. Se podra decir que la acústica de The End, también un pequeño y antiguo teatro de barrio reciclado, ayudó a los blondos escandinavos a lograr una instalación de sonido más que decente.
Lo importante vino después de que un pensativo vikingo de anteojos fuera y viniera con guitarras y pareciera satisfecho de todo.
Qué decir de Opeth, que es una de las pocas bandas de las cuales me llamo verdadero fanático, palabra con la que no me siento muy cómodo, pero no me queda otra que usar cuando escucho y disfruto cada uno de sus discos. Qué decir de Mikael Åkerfeldt , un gentleman que pasa del canto melódico al gutural con la facilidad de un cocinero revoleando panqueques. Qué decir de sus composiciones, que hacen de la repetición de riffs un mantra, del metal un trance.
Siempre tengo en mente que estoy hablando de Death Metal, pero Opeth también tiene su lado mellow (uso el anglicismo porque me parece más correcto que las traducciones dulce, suave) o más melódico, y abreva desde el folk, el freeform jazz, o algo de pop que en ocasiones me recordó a Soda Estéreo o Gustavo Cerati, o algunos ritmos con los cuales no cuesta nada pensar en un folklore sudamericano, y tiene cierta lógica con la prescencia del bajista uruguayo Martín Mendez en la formación. Todo forma una banda que hizo su propio subgénero y que no tiene imitadores.
